Que una de las sensaciones de este invierno sea una película muda puede ser asombroso. En efecto, The Artist es una apuesta personal y arriesgada de su director y guionista, Michel Hazanavicius, pero el producto es tan cuidado que hace que, al menos, sea de obligada visión para los amantes del cine. Sin embargo, pese a la obligación, es un auténtico gozo.
Obviamente se trata de una película hecha para cinéfilos, que a tenor de los resultados de taquilla, son los que, junto con los que se dejan convencer, están acudiendo a las salas a ver este homenaje a los inicios de Hollywood, lleno de guiños a otros clásicos.
Probablemente, no hubiera podido funcionar con otro tema, pero el acabado es tan perfecto (dirección, fotografía, iluminación, casting, interpretación de los actores), que no podemos dejar de notar el cariño con el que han trabajado los que han hecho esta película.
Y es que el cine dentro del cine siempre ha dado resultados interesantes. The Artist no tiene un argumento original, pues el trasvase del cine mudo al sonoro ya ha sido tratado en películas como Cantando bajo la lluvia (inspiración obvia que se nota incluso en la elección del actor principal, Jean Dujardin, cuyo mimetismo con Gene Kelly es cuanto menos sorprendente, aunque en algunos planos también nos recuerde a Douglas Fairbanks). Igualmente, el cruce de caminos entre una estrella de cine en su ocaso y otra ascendente es el tema de Ha nacido una estrella, por citar dos de los ejes temáticos del film (y a quien esté interesado en el hilo argumental de Hollywood visto desde dentro, aunque con una visión mucho más pesimista, podemos recomendarles también un par de obras maestras como El Crepúsculo de los Dioses o Cautivos del Mal).
No voy a desvelar más detalles, pero una de las cosas que más me gustó es la sonrisa de los dos protagonistas. Especialmente la de Bérénice Bejo, que transmite una gran alegría y vitalidad, y que por la manera en que la ha retratado, su esposo (el mismo Michel Hazanavicius) le ha hecho el mejor regalo, regalo que ella le ha devuelto mostrando un gran magnetismo en su relación con la cámara. Dudo que vuelva a aparecer tan bella en una pantalla de cine, y es gracias a su sonrisa, lo que nos lleva a la reflexión sobre la sonrisa como parte de nuestra personalidad … Pero ése ya no es el tema de este post.

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