De Escena en Escena

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Alicia en el país de las maravillas

31 de agosto, 2010
santi

 

Cuando se anunciaba Tim Burton como el director de la nueva versión de Alicia, mis expectativas eran muy altas: ¿quién mejor que él para recrear el universo onírico del clásico de Lewis Carroll? Sólo quedaba una duda, ¿sería una película Disney o una película Burton?

Desafortunadamente, media hora de película es suficiente para comprobar que se trata de una película Disney, dirigida a todos los públicos, especialmente al infantil y juvenil, con batalla y duelo final a lo Hollywood incluidos.

Burton se toma la libertad de revisitar Carroll tomando personajes y fusionando tramas tanto de Alicia en el País de las Maravillas como de su secuela A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, e incluso algo de El mago de Oz, además de presentar la historia como un tercer sueño con una Alicia ya crecidita y a punto de casarse. Aunque el trabajo de Mia Wasikowska como Alicia es aceptable, el personaje de Carroll se adapta difícilmente a la psique de una  veinteañera.

Sin embargo, lo peor no es la libertad de la adaptación de Burton, sino que el espíritu del libro se pierde completamente. Esta versión cinematográfica de Alicia carece del humor de la absurda lógica del mundo soñado por Alicia, que puede interpretarse en algunas ocasiones como el cuestionamiento de muchas de las convenciones victorianas vistas por los ojos de un niño.

Es una pena que con una recreación tan bella de los escenarios y personajes que pueblan el sueño de Alicia (aunque la versión que han puesto en la Filmoteca d’Estiu era una simple versión 2D, es suficiente para apreciar la calidad de los efectos CGI), la historia presentada sea tan roma y predecible (y no precisamente por basarse en unos cuentos tan famosos). Una vez más, la apuesta por la forma sobre el contenido, por el CGI sobre el guión está totalmente desequilibrada.

Además de los efectos especiales, se salvan los personajes de las dos reinas, representados por Anne Hathaway (Reina Blanca) y por Helena Bonham-Carter (la cabezona Reina Roja), cuyas interpretaciones aportan un toque de humor en una versión en la que lo que más decepciona es pensar en lo que habría podido ser si se hubieran tomado la molestia de invertir en un guión decente.

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